Le regale esta mañana, unas caricias al níspero,
de hojas aterciopeladas
que aguarda triste.
Sus frutos amarillos, de delicioso sabor cítrico dulce
hoy no son.
Se convirtieron en besos soñados
que por las ansias
se vuelven de amargo sabor.
Sus ramas al viento simulan buscan con desesperado frenesí
buscan a tientas
algún indicio de calor, de amor
para fundirse en el abrazo.
El roció se sirve de fuente
bajo este árbol que llora.
Mientras la gris mañana, se adentra en el día
todo es calma
aunque el verde, que la naturaleza,
le acaba de regalar a este iluminado jardín
deja de ser de esperanza.
Se escapan picaras algunas gotas de lluvia
de esas nubes que cubren el cielo, que se posa sobre mi
regalando algo de frescura a la tediosa mañana
que intenta tener sentido.
Ahora, ya es fuerte la lluvia
que comienza a caer por todos lados
como si fuese el ataque, de miles de arqueros
simulando, flechas de una antigua batalla
que con fuerza van cayendo a mi alrededor
que con fuerza van cayendo a mi alrededor
y de la cual, no pretendo escapar, ni cubrirme
dejando al cielo, que decida mi destino.
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